Entrevista a Ana Pagani
| La artista con su obra. Le gusta el juego de luces y sombras. |
¿Cómo unir la vista y el tacto? Lentamente mi cabeza se abre,
se rompe, comienzo a jugar con el rojo y, finalmente puedo tocarlo, le doy
forma... Ana Pagani
Por Mariana Inés Couto
Ana Pagani es una premiada artista plástica argentina. Cursó estudios en las Escuelas Nacionales de
Bellas Artes “Manuel Belgrano” ,“Prilidiano Pueyrredón” y “Ernesto de la
Cárcova” y arte textil con la Profesora María Sara Piñeiro. Dictó cursos de
Arte Textil en el Museo Sívori y en la CEAVAO (Centro Educativo de Formación
Profesional) de Vicente López, donde fue
mi profesora.
Me recibe en su casa-taller de
Palermo. La casa es tan artística como su dueña. Llena de tapices y de cuadros, de hermosos muebles
de madera tallada y de plantas. Y por
mandato paterno, un limonero cargado de fruta: una nota ácida y amarilla en el
jardín lateral. Su papá, inmigrante italiano del Friuli, está muy presente en
su charla y, creo yo, fue él con su dominio del arte de la marquetería y los
diseños de muebles, quien le imprimió su gusto por el arte.
Toda la vida me gustó pintar,
dibujar. (Gira hacia su biblioteca)
Miro porque estoy buscando un cuadernito de 4º o 5 º grado que decía “Año 1950”.
La maestra, una monja, nos había escrito en el pizarrón una pregunta: ¿Cuál es
tu ideal? Yo había escrito: “Mi ideal es ser pintora”. Y había dibujado una
nena con un delantal verde que estaba ante un caballete. Décadas después
encontré el cuaderno
en el sótano de la casa de mi infancia. Cuando lo
encontré, lloré. Cuando leí eso, lloré. Porque, descubrí mi sueño de niña, y ya
había pasado por la Cárcova, la Pueyrredón, tenía premios… Pero este camino
empieza cuando yo trabajaba en el centro; era secretaria de un gerente. En mi
vida había pensado que yo podía llegar a estudiar plástica. Pasaron los años y, a los treinta, hice un
curso sobre Historia del Arte. Me anoté e iba cuando salía de la oficina. Y eso
me produjo algo. Le pregunté (al profesor)
qué se hacía para seguir esa carrera. Él me recomendaba su taller particular.
Una noche, cenando en casa, le digo a mi familia que quiero estudiar Bellas Artes
y mi padre me dice “No vas a poder con las dos cosas”. Era un consejo que me
daba, no una crítica. Pero yo soy a todo o nada: y me anoté en la Belgrano. La
Belgrano estaba frente a la embajada de Francia y a mí, por mi trabajo, me
quedaba cómodo. Iba, por supuesto, en el turno de la noche. Y a los pocos meses
nos mudaron a Barracas (La escuela se
trasladó al barrio de Barracas). Y a las pocas semanas me echaron de la oficina.
Conclusión: No pude seguir “con las dos cosas”, pero seguí con la escuela. Hice
los cuatro años yendo desde Olivos hasta Barracas. Y fui por más: me anoté en
la Pueyrredón. Y cuando terminé la Pueyrredón, la Cárcova. Empecé a dar clases.
Me las rebuscaba como podía. El sueldo era otro, muy inferior al de secretaria
ejecutiva. Pero…
¿Cuándo descubrís que el arte textil, además de la plástica, era algo
que te interesaba?
Eh, creo que… siempre.
Inconscientemente. Yo siempre me hice la ropa. Las mujeres nos hacíamos la ropa
sobre todo cuando, como yo, teníamos un talle en la parte superior y otro muy
diferente en la parte de las caderas. Me
hacía una ropa magnífica con los moldes de la revista Burda. En la Belgrano tuve una profesora de grabado y, con el
tiempo, me enteré de que en la Cárcova, enseñaba textil. Cuando llego a esa
escuela, ¿qué teníamos que hacer? Los alumnos de pintura teníamos que
reproducir una de nuestras obras en tapiz, como para incorporar otro material.
Y un amigo me hizo hacer un bastidor –que todavía conservo - de 1.5x1 metro. Y
me dijo “Vos vas a hacer tapices”. E hice mi primer trabajo, reproduciendo un
cuadro que había hecho en el Botánico. Y
me gustó. Pero para el segundo, no quise repetir un trabajo que ya había hecho
en pintura y les propuse hacer directamente una obra textil. Ya para entonces
había ido a un salón nacional y cuando vi los trabajos, me encantaron. Ese
segundo tapiz lo hice con mi primer bastidor, para el examen de la Cárcova. Una
compañera me comentó que el (Museo)
Sívori organizaba salones de textil y me animó a presentarlo. No me atrevía: yo
era pintora y había hecho un trabajo porque me lo exigía la cátedra. “¡Mandalo!
Tenés el auto: lo cargás y lo llevás, no tenés que ir en colectivo”. En la
entrega, conocí a Silke. Silke es una de
nuestras fantásticas artistas textiles. Es un genio. Ella entraba cuando a mí
me habían aceptado la obra. Y la de ella, ya consagrada, la rechazaron. Y
después en la muestra todos se preguntaban quién era yo, si estaba asociada al
CAAT… Nadie me conocía.
¿Qué importancia tuvo el CAAT (Centro
Argentino de Arte Textil) en la difusión de lo que es hoy esta rama de la
plástica?
Mucha, porque las mujeres que
fundaron el CAAT hicieron la lucha suficiente como para que se instituyera el Salón
de Arte Textil en el Museo Sívori. Yo no era socia en ese momento pero las
conocía. Otras tareas que hacían eran organizar salones, talleres, mesas
redondas y también ayudar con los trámites de envío de una obra al exterior.
Hay, no, había una bienal muy importante que se hacía en Lausanne (lo dice en un francés perfecto) me acuerdo. Gracia Cutuli
(famosa artista textil y socia fundadora
del CAAT) había sido invitada a esa exposición. Y se proponían, a través
del centro, artistas de Argentina para participar y te ayudaban con los
trámites y todo lo que fuera necesario.
¿Qué lugar ocupaba el textil
dentro de la plástica?
Eh…a mí me cargaban. “Che, vos que
ponés botoncitos…”. Así me decían compañeros y compañeras de Bellas Artes y la
cargada era esa. Lo veían como un arte de segunda categoría. Pero eso también
le pasó al grabado en su momento. Por suerte ya no es así. ¿Qué pasaba con el
grabado? De un trabajo se pueden sacar muchas copias y, si lo vemos desde el
punto de vista comercial, se abaratan costos. Vos podés comprar una obra que
dice: copia 5 sobre 20. Sabés que esa obra tiene veinte copias y la tuya es la
número 5. Por ese lado se lo comparaba
con la obra única de un pintor. Y entonces se creía que era un trabajo menor.
Pero en el textil también hay un
producto único como en la pintura. Entonces, ¿por qué se lo subestimaba?
Y porque, viste, la señora que se
quería casar o a la que querían casar entonces se le enseñaba a coser “botoncitos”.
Y de ahí venía la cargada. Cosas de mujeres…
¿Se asociaba el arte textil al
trabajo femenino?
Claro, era artesanía, cosa de
mujeres. ¿Vio? (Dice imitando a Catita de Niní Marshall) Porque los hombres no
cosían. Después los hombres fueron los grandes modistos.
¿Qué materiales usas? ¿Creás tus
materiales? ¿Usás materiales de rezago? ¿Reciclás?Transposición de urdimbre.
Sí, las tres cosas. Me gusta lo
que se considera tradicional entre comillas, lo que es urdimbre y trama.
Trabajo con yute y lanas artesanales. Ahora siguiendo ese concepto podes trabajar
solo con urdimbre. Con transposición de urdimbre (dejar la urdimbre a la vista, por ejemplo) se puede hacer un
montón. Pero como me dijo un señor que vino a casa cuando vio el trabajo hecho
con esa técnica: “¡Qué pena que se le apolilló!”
(Se ríe). Podés hacer una obra sin
haber tejido nada. O podés incorporar
material que nada tiene que ver con los hilos o lanas. Por ejemplo, cuando hicimos el homenaje a
Francis Bacon, vos viste, (Me lo había
mostrado en el recorrido a la casa) que usé quijadas de animales atadas a
un fondo textil. Y también usé los nidos que tejen las avispas en una obra para
presentar en “El espíritu de la colmena”,
un proyecto de unas artistas del norte de Buenos Aires. Trabajé con corcho,
al que después forré o pinté y con unos tubos de plástico que me sirvieron para
presentar la obra para “El Violeta Textil Recoleta”. Como verás se recicla y
mucho. O sea que el textil es un arte
que puede trabajar con urdimbre y trama, sin trama ni urdimbre. Los materiales
son infinitos.
| Detalle de obra con urdimbre a la vista. |
¿Cuál es el vínculo del textil
con la moda? ¿Hay algún artista que te interese en este aspecto?
(Manuela) Rasjido es artista textil y su marido también. Y hace moda. Ella va caminando por su pueblo,
en Catamarca, y si encuentra una raíz que le llama la atención, investiga y tal
vez después la usa para teñir. Muchos artistas textiles tiñen sus materiales.
En “El Rojo Textil Recoleta”, ella puso en el suelo una cantidad enorme de
pimientos rojos secos y colgando, muy bien puesto, sus prendas rojas sobre ese
fondo…
Ah, eso es muy interesante. Se
usa mucho la escultura o la instalación en los salones, ¿no?
Sí, se pueden hacer unas obras muy interesantes si manejás el lenguaje
de la escultura. Y respecto de las instalaciones, por ejemplo, recuerdo un
trabajo de Laura Ferrando (una artista
argentina muy comprometida con la problemática social) expuesto en el
Palais de Glace, en el que aparecía un carrito de supermercado con un televisor
dentro, colmado de viruta. El carrito en lugar de estar lleno de comida,
llevaba un televisor. Hay en esta
artista toda una preocupación social con respecto a las mujeres que trabajan
como cartoneras.
Hablame de algún concurso o proyecto en el que hayas participado y cuya
propuesta te haya resultado muy interesante.
Te voy a hablar de uno que se
hizo parte en mi casa. Me llama Silke y me dice que estaba participando de la
organización de la 5ta Bienal Internacional de Arte Textil. Buenos Aires había sido elegida sede por la
World Textil Art Organization (WTA). Ella tenía que viajar y había pensado en
mí para que me encargara de lo que quedaba por hacer. Tenían interés de ampliar
el público e incluir la participación de personas con capacidades especiales a
la muestra. Organizamos una muestra textil para no videntes, con guías en las
puertas para que siguieran el recorrido. Fue muy lindo. Esa parte se hizo acá,
en el taller y en el patio.
Y hace unos años ya, en Vicente López, organizaron un premio a la trayectoria y me convocaron a mí y a Hermenegildo Sabat y Carlos Cañás, entre otros. Y me encantó. Era mi barrio, era mi gente.
Y lo último que hice antes
de la pandemia, en el salón Leopoldo Presas de la SAAP (Sociedad Argentina de
Artistas Plásticos). Era el día de mi cumpleaños,
se hizo una muestra retrospectiva de pintura:” 40 años y pico…” muy lindo.
Me preparó un té y nos quedamos charlando un rato más.
Cuando nos despedimos, me pidió que siguiera en contacto.
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